• Vie. Abr 19th, 2024

Por. Patricia Arache

@patriciarache

El mundo vive momentos poco usuales en los que la impaciencia y la imprudencia parecen ser los impulsores de las acciones de algunas gentes.

No hay paciencia ni prudencia para escuchar, para hablar, para conducir, para analizar, para criticar, para disentir, para nada, es más, ni siquiera para coincidir.

¡Venga Tres Patines! “Cosa más grande en la vida, chico”. ¿Qué hacer frente a una realidad que cada vez nos arropa más y más y que genera todo tipo de desesperanza a quienes observan con asombro el día a día que nos acoge?…

Está dicho y requetedicho: la pandemia del coronavirus, con su COVID-19, no sólo provocó más de 14 millones de muertes en el mundo, sino que, además trastocó la salud y el curso de la vida de muchos millones de personas más.

Y hablamos de más de 14 millones en forma supuesta, porque la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha dicho que nunca sabremos con exactitud la cifra de fallecidos por COVID-19.

Los profesionales de la medicina, de la psicología, de la sociología, de la economía, de la educación, de la comunicación, exponen una y otra vez las consecuencias que han devenido con y después de esa pandemia.

 Es obvio que no basta con esbozarlas, si no trabajamos en el rescate de la conciencia individual y colectiva, para volver a encontrarnos con nosotros mismos y con los semejantes.

Lo que hemos tenido que ver en los últimos tiempos no tiene parangón en la historia del agravio físico, moral y emocional. Y no es culpa de las redes sociales. Estas solo sirven de vía para difundir lo que se produce.

Ataques de violencia entre personas que actúan como si ocuparan un privilegiado espacio en la selva de los animales más salvajes, como cuando un hombre le mutila una mano a un joven, como si se tratara de un chiste, de nada, o de un juego de cartas, o de vitilla.

Eso ocurrió, aunque usted no lo crea, en un autobús del transporte público de pasajeros, y al frente de ellos, en un pleito entre choferes, de acuerdo a un video divulgado en redes sociales y llevado al conocimiento del público en general por medios de comunicación convencionales.

Actos de felación entre dos jovencitos, hembra y varón, de no más de 20 años de edad, en un teteo urbano en plena vía pública, acompañados de la burda exhibición y manipulación de un arma de fuego.

La exposición de estudiantes practicando sexo en una escuela, y otros tantos casos más, revelan que la sociedad dominicana tiene mucho por hacer para reencontrarse a sí misma.

Esta Semana Santa es un momento propicio para que haya un alto en el proceloso camino del irrespeto, la falta de cordura, la ausencia de piedad, las retorcidas pasiones y la exagerada vocación por el escándalo, que parecen transitar algunos renegados de la convivencia pacífica y humana.

Paciencia y prudencia son dos aspectos de la vida civilizada de profundo significado.

Veamos la definición, por si alguna duda nos queda de lo que significan:

“Paciencia es un valor del ser humano que debe estar presente en todos los contextos del ente para afrontar de mejor manera los problemas, poder reflexionar y tomar la mejor postura”.

“Prudencia es un término que se emplea como sinónimo de sensatez, mesura, templanza, cautela o moderación”, es una virtud que permite a una persona actuar de modo justo y adecuado.

¿Será que resulta imposible darnos un tiempo para la paciencia y la prudencia? Si es así, entonces, habremos perdido, en forma total, la condición humana. ¡Es una lástima que esto ocurra en pleno siglo del conocimiento!

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