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La policía deseada

ByLa Redacción

Oct 15, 2022
Por. Patricia Arache. Patricia.arache@gmail.com
@patriciarache.

En diciembre del pasado año 2021, la primera Comisión creada por el presidente Luis Abinader Corona, para la Transformación y Profesionalización de la Policía Nacional, entregó un informe sobre los aspectos normativos que, desde la óptica, el análisis y las perspectivas de los respetables integrantes de ese organismo, deben ser tratados en el cuerpo del orden.

El mandatario, consciente de la necesidad de los cambios demandados y hasta urgido por introducirlos, garantizó que los habría, aunque “graduales, a mediano y largo plazo” y aseguró que cuando ocurran se habrá dado “un paso de gigante hacia la modernización del país”.

Fue un halagüeño y esperanzador anuncio que, a juzgar por el comportamiento más visible de agentes de la Policía Nacional, todavía no comienza a materializarse ni siquiera mínimamente en ese vetusto y anquilosado cuerpo, creado el 2 de marzo del 1936.

“La Policía Nacional es un cuerpo armado, técnico, profesional, de naturaleza policial, bajo la autoridad del presidente de la República, obediente al poder civil, apartidista y sin facultad, en ningún caso, para deliberar”, reza el artículo 255 de la Constitución de la República.

Bajo ese precepto constitucional y la práctica misma, queda claro que todo lo que acontezca o deje de acontecer en el seno de la Policía Nacional queda bajo la estela de la gestión gubernamental de turno.

Probablemente por ello, el jefe del Estado no ha escatimado esfuerzos para lograr introducir los cambios que demanda esa institución, cuyos integrantes, casi en su totalidad, siguen siendo blancos de las más ácidas y, a veces justificadas críticas, por parte de la población.

En ese tenor, creó en julio de este mismo año 2022, otra comisión de carácter diferente a la que encabezó Servio Tulio Castaños Guzmán, e integró, además, el dilecto y respetado abogado, médico, profesor universitario y comunicador, Ricardo Nieves, entre otras distinguidas personalidades y que, como señalamos al principio, cumplió su propósito al entregar un informe al presidente Abinader.

La de ahora, es una Comisión Técnica para la Reestructuración del Sistema Educativo de la Policía Nacional. Fue creada mediante el decreto 372-22, encabezada por el ex rector de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) Roberto Santana e integrada, además, por Miguel Escala, Mu-kien Adriana Sang, Eladio Uribe, Radhamés García González, Osvaldo Santana y Gregorio Montero.

Si pasamos balance a la calidad como seres humanos, como profesionales y como ciudadanos de quienes integraron la primera Comisión y de quienes conforman la creada más recientemente, no cabe dudas de que estamos frente a conspicuos ejemplos conductuales, en todos los sentidos. Lo que nos llena de aliento y esperanzas.

Pero, y el pero no falta, cuando tenemos que analizar el comportamiento que han mantenido y mantienen muchos miembros de la Policía Nacional frente a la ciudadanía, nos llenamos de angustias, incertidumbres y miles de preguntas.

Así, con mucha incertidumbre y más temores, estuvo una joven pareja que acababa de comprometerse, en un acto lleno de bendiciones, amor y buenas vibras, que fue a la discoteca a celebrarlo con una parte de la familia.

En el camino, se encontraron con un supuesto patrullaje motorizado, con por lo menos, ocho jovenzuelos uniformados, sin mostrar ningún tipo de formación ni entendimiento, con rostros medio ocultos, que los detuvieron y luego los amenazaron, porque a la orden de pare, prefirieron hacerlo en un lugar claro, bajo la luz de una bombilla.

Las amenazas con “meterte preso”, entre otras, fueron los protagonistas del mal rato, pero, además, los “agentes del orden público”, lejos de mantener distancia, sugirieron que la joven novia abordara el vehículo, con dos de ellos en la parte trasera; y su novio, fuera acompañado de otro, en la parte delantera. ¿Es esto posible?…

Allí no hubo una desgracia, porque los jóvenes pusieron de manifiesto un elevado nivel de inteligencia emocional y el control y la paciencia prevalecieron por encima de la indignación y la impotencia de sentirse agredidos, innecesariamente, por quienes tenían la responsabilidad de protegerlos.

En la otra cara de la moneda y, prácticamente, en forma paralela, una patrulla observó a un jovencito dentro de un vehículo, solo en una calle, intentando transmitir un mensaje por su teléfono móvil, y la actuación de esos agentes nos hace pensar en “la policía deseada”: ¿Joven le pasa algo? ¿Está usted bien? ¿Necesita ayuda?

Cuando ambos me contaron sus experiencias, el último me hizo recordar a aquel hombre mulato, de ojos vivos y voluntad de hierro que, con su uniforme gris, me arrebató de las manos de una mujer que pretendió robarme, bajo el alegato de que ella era mi madre, a pesar de mis gritos que se escuchaban “en el Capitolio”.

“¡Suelte a esa niña!”, inquirió, lo que se convirtió en una sentencia de libertad, que me devolvió a mi mortificada familia y garantizó la vuelta al hogar. A más de cinco décadas de haber ocurrido esa justiciera y humana intervención policial, los míos y yo no lo olvidamos, ni lo haremos jamás. Esa es la Policía Nacional de servicios, de asistencia, de protección, de cercanía. Esa es la Policía que queremos.

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